Dónde buscar partituras y cómo elegir una buena edición

Tengo varias ediciones de los estudios de Chopin: Paderewski, Henle, la edición de trabajo de Cortot, la National Edition de Ekier… Incluso heredé un ejemplar de Wiener Urtext editado por Paul Badura-Skoda. A simple vista podría parecer que, teniendo una, las demás sobran. Pero cuando empiezas a compararlas descubres que la misma obra no siempre llega al atril de la misma manera.

No hablo solamente de una nota diferente —que las hay, y muchas—. También de ligaduras, digitaciones, pedales, comentarios y decisiones que pueden influir bastante en cómo entendemos lo que vamos a tocar. Algunas ayudan, pero hay otras que no me convencen tanto. Y hay algo que necesito tener claro: qué procede del compositor y qué está proponiendo quien ha preparado la edición.

Por eso, cuando busco una partitura, no empiezo por la tienda. Primero intento decidir qué edición quiero. Después busco dónde comprarla más barata. A veces es en la propia editorial, otras en Amazon, y he comprado muchísimas de segunda mano a través de Wallapop.

No elijo la misma editorial para todo

Suelo recurrir a Wiener Urtext, G. Henle Verlag y Bärenreiter, entre otras, pero no tengo una preferida para absolutamente todo. Me gusta Wiener para unas cosas, Henle para otras y, en Mozart, tengo especial preferencia por Bärenreiter. Las ediciones de Mozart de Henle no son las que más me convencen personalmente, no os voy a engañar.

Esto no pretende ser una clasificación de editoriales buenas y malas. Para hacerla tendríamos que hablar de obras y volúmenes concretos, y justificar bastante más cada comparación. Lo que estoy contando es cómo elijo yo.

Lo que más pesa para mí es la fiabilidad del texto. Quiero saber con qué estoy trabajando y entender el criterio de la edición. Después miro lo cómoda que resulta la lectura, cómo están repartidos los sistemas de pentagramas, dónde toca pasar página y si hay demasiadas cosas añadidas.

Sobre usar libros o tablet… definitivamente prefiero el papel. Así que estas cuestiones también cuentan: voy a tener ese libro abierto delante mientras estudio, no solamente guardado en una estantería.

Como ya sabréis quienes me conocéis, mi punto de partida suele ser una Urtext. Estas ediciones buscan establecer un texto lo más fiel posible a las fuentes del compositor, estudiando manuscritos, primeras ediciones, correcciones y otros documentos. Pero hay matices: no siempre existe una única fuente completa e incluso hay a veces contradicciones. El editor tiene que valorar esas diferencias y explicar sus decisiones. Por ejemplo, Bärenreiter describe ese trabajo y la función de los comentarios críticos.

Por eso dos Urtext pueden no coincidir en todo. Y por eso también merece la pena leer el prólogo o los comentarios cuando algo nos llama la atención (esto es algo que he ido aprendiendo con el paso de los años).

Hace poco volví a comprobarlo mientras preparaba la entrada sobre El Candor de Burgmüller. En una edición, el primer compás aparecía bajo una ligadura bastante amplia; en la Wiener Urtext que estaba utilizando, las ligaduras organizaban las notas en grupos de cuatro. No era un detalle meramente visual: cambiaba la dirección del gesto que quería trabajar. La primera partitura podía ser perfectamente útil, pero ya no me servía para explicar lo que estaba haciendo con esa edición concreta.

La misma obra, cuatro ediciones distintas

Para que la comparación no se quede en algo abstracto, os traigo cuatro versiones de los estudios de Chopin (sí, soy un friki, tengo las 4 versiones en papel). Las portadas no dicen cuál es «la mejor», pero su descripción sí que permite ver quién prepara el texto, quién propone las digitaciones y qué tipo de comentarios incluye cada volumen.

Portada de los Estudios de Chopin en edición Urtext de Henle
Henle HN 124: texto editado por Ewald Zimmermann y digitaciones de Hermann Keller. Fuente: ficha oficial de Henle.
Portada de los Estudios completos de Chopin en Wiener Urtext
Wiener Urtext UT 50205: edición y digitaciones de Paul Badura-Skoda. Fuente: ficha oficial de Universal Edition.
Portada de los Estudios de Chopin de la National Edition de Ekier
National Edition: edición de Jan Ekier y Paweł Kamiński, con comentarios de fuentes e interpretación. Fuente: ficha oficial de PWM.
Portada de los Estudios de Chopin en la edición Paderewski
Edición Paderewski: preparada por Paderewski, Bronarski y Turczyński, con comentario interpretativo. Fuente: ficha oficial de PWM.

Me parece interesante que Henle separe claramente la responsabilidad del texto y la de las digitaciones. Wiener identifica a Badura-Skoda como responsable en ambas funciones. La National Edition insiste en el trabajo con las fuentes y diferencia tipográficamente las digitaciones de Chopin de las propuestas editoriales. Paderewski incorpora algún comentario interpretativo.

Indicación útil o indicación obligatoria

Francamente, lo que me sobra a veces es que una página esté llena de digitaciones o de pedales (en muchas ocasiones responden a una propuesta personal del editor). No porque esas indicaciones sean necesariamente malas, sino porque pueden acabar leyéndose como si fueran la única forma correcta de tocar.

Con el pedal se entiende bastante bien. Una solución puede funcionar en un instrumento y mezclar demasiado el sonido en otro. También cambia lo que escuchamos según la sala. Si un alumno encuentra una indicación impresa, es comprensible que la tome como algo que debe cumplir exactamente. Seguramente habrá un motivo musical detrás, pero la solución propuesta no tiene por qué funcionar siempre igual ni convertirse en una verdad absoluta.

Con las digitaciones, pues algo parecido. Pueden ahorrarnos mucho trabajo y enseñar una manera de organizar el estudio. Pero una página muy cargada también puede dificultar la lectura. Por no decir que no todas las digitaciones funcionan en todas las manos.

Además, Urtext no significa necesariamente «sin digitaciones añadidas». La National Edition de Chopin, por ejemplo, distingue tipográficamente las digitaciones del compositor de las añadidas por los editores y ofrece comentarios sobre las fuentes y la interpretación. La propia edición explica cómo organiza esa información.

En los estudios de Chopin tengo especial afinidad con Paderewski y Ekier, aunque encuentro cosas que me hacen dudar o comparar. A veces percibo en Paderewski una mirada más ligada al intérprete. Lo digo como percepción personal, no como una crítica a la edición ni como una forma de restarle valor.

También tengo la edición de trabajo de Cortot. Sus comentarios, ejercicios y propuestas de digitación forman parte de su enfoque pedagógico, como recoge la descripción editorial de los estudios op. 25. Puede resultar interesante conocer esa manera de abordar una dificultad sin asumir que tenemos que compartir todas sus soluciones.

Portada de los Estudios op. 25 de Chopin en la edición de trabajo de Alfred Cortot
Edición de trabajo de Alfred Cortot para los Estudios op. 25, con comentarios y propuestas de digitación. Fuente: ficha oficial de Hal Leonard Australia / Salabert.

En piano no creo que exista una única forma de trabajar que sirva para todo el mundo. Eso no convierte todas las opciones en equivalentes: hay que probarlas, escucharlas y entenderlas.

Coteja antes de comprar

IMSLP suele ser una de mis primeras paradas (entre otras cosas porque ye gratis). Lo utilizo para ver qué ediciones hay y orientarme antes de comprar. Se pueden encontrar ediciones antiguas muy valiosas; que un ejemplar tenga años no lo vuelve inútil (casi te diría que todo lo contrario).

Cuando puedo consultar una partitura, me hago una idea del texto, de la legibilidad y de la cantidad de indicaciones que lleva. Eso sí: si después voy a comprar una edición actual, conviene comprobar que sea realmente la misma. Una revisión o una nueva presentación pueden introducir cambios; compartir editorial no garantiza que estemos mirando un producto idéntico (incluso a veces se mantiene la editorial pero no el editor).

A alguien que empieza le recomendaría mirar si existe una Urtext adecuada de la obra, sin descartar una edición pedagógica que le ayude.

Y no hace falta comprar cuatro versiones para empezar. Yo tengo varias porque he ido reuniéndolas y porque me encanta comparar sus diferencias —como os dije antes, soy un friki—, pero una edición fiable y cómoda puede acompañarnos durante mucho tiempo. Si surge una duda concreta, entonces tiene sentido comparar.

Una vez elegida, ya miro el precio. En segunda mano comprobaría el volumen exacto, que esté completo y el estado de las páginas. Una fotografía de la portada puede no bastar. Si tengo dudas, pediría también una imagen de la página de créditos, donde suelen aparecer el editor, la referencia, el año o el ISBN. Dos libros con una portada muy parecida pueden pertenecer a revisiones distintas.

Para seguir explorando

Si os apetece comparar los criterios con algo más de calma, estas son las páginas de las propias editoriales que he utilizado como referencia. Aquí las casas os describen sus características más importantes

Al final, eso es lo que busco: un texto en el que pueda confiar, que se lea bien y que me permita distinguir la música de las propuestas que se han añadido para estudiarla. Después toca trabajar. Y, si una digitación o un pedal no me convencen, intento entender por qué antes de cambiarlos.

Nos vemos entre partituras.


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